Miguel Bazdrech, http://impreso.milenio.com/node/8783295
Nuestras autoridades, quizá por los efectos del calor lapidario de los días recientes, han lanzado al aire varias propuestas para hacer “cosas” en la zona metropolitana de Guadalajara. Para no diferir ni criticar al gobierno por una vez y variar el guión, dan ganas de decir “sí” a todas. Quizá para ver el caos resultante y compararlo con el actual. La idea reciente de construir un segundo piso al lado de la vía del tren de tan bizarra resulta divertida.
Y si se abre la oportunidad de hacer propuestas bizarras, hay algunas muy interesantes. Capaz y las adoptan nuestros gobernantes. Por ejemplo: un “viaducto”, de cuota y en segundo piso desde luego, que vaya del estadio Jalisco al estadio Vergara, que no Chiva, aunque así diga el acta de registro civil. Y de paso con un ramal conveniente al estadio Teco o Estudiantes, como quiera que sea el nombre. Así, los aficionados al deporte más popular podemos ir de un estadio a otro en minutos y en un solo día disfrutar tres versiones del juego, sin sufrir los horribles embotellamientos de tráfico. Y ya entrados en gastos hágase un complemento que vaya a la Minerva, para llegar fácil a festejar los resultados.
¿Quién apuesta doble contra sencillo a que esta propuesta será aprobada por aclamación y la popularidad de la clase política subirá mínimo diez puntos? Tiene una ventaja más: los gobernantes olvidarán Arcediano, Temacapulín y Zapotillo y se salvarán de un trío de macro errores.
Hay dos mejores: En el actual tiradero en el que se convirtieron las inmediaciones del parque Morelos, por la fallida Villa Panamericana, hagamos un nuevo estadio de futbol. Sí cabe si lo sabemos acomodar: en segundo piso, claro. Se revive al “centro histórico”, los viejos aficionados llegarán a píe (movilidad no motorizada) y además, se celebrarán los triunfos en el “mero” centro: la Plaza Liberación, donde todo cabe sin atormentar tránsito y vecinos. ¡Ah! Un inconveniente: hay que volver a hacer el estacionamiento subterráneo, pues con tanta gente encima puede colapsar. Se puede convertir en ventaja: se puede hacer de cuatro niveles de una vez. Y la segunda: para no dejar en orfandad el viaducto Express, cambiemos el proyecto. Hagamos otra línea del Tren Ligero; ya tenemos ahí las vías instaladas y la ciudad va a lucir “bien chida”.
Una ciudad se planea para 50 o cien años y se construye con paciencia y rigor estético, legal y ético. ¿Estaremos enterados?
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