sábado, 10 de julio de 2010

Vía exprés: Cancelada, por Jorge Fernández Acosta

A Herbie y Emily, con amor.


Mis queridos cupidos motorizados: sí, soy un malnacido y así somos muchos. Vivir tal condición es un privilegio por esa inefable sensación que nos permite experimentar, de viva voz, el placer de la libertad para expresar con seguridad lo que somos, pensamos y sentimos ahora, con relación a lo que acontece en el cotidiano relato de los temas del desarrollo urbano, cívico y político en Jalisco: el Macrobús, las presas, los estadios y las villas, las "macrolimosnas", el dinero a manos llenas pa’ cuates, los súper sueldos y hasta las mentadas.
El tema de actualidad, álgido por naturaleza, es la polémica, absurda y anacrónica idea (muy suya y de su e(s)tilito) para levantar una rúa de cuota a la altura de sus más ocultos intereses: la Vía Exprés como sueño de los años del caldo, bien chida y moderna.
El lunes pasado acudimos al foro de análisis sobre el particular que convocó el Congreso y, tras escuchar el endeble discurso que ofreció el representante del gobierno, aunado a los bien fundados argumentos expuestos por quienes participaron en representación de amplios y diversos sectores de la ciudadanía, me permití, en una primera intervención, enviar un recadito, claro y contundente, a ese que borrachín dice que es gobernador de estas tierra que habitamos. El mensaje fue directo y al grano: ¡Cancelen el proyecto!

Luego me dispuse a la explicación pormenorizada de los argumentos para sustentar tal petición. Se trata de una ocurrencia cuya táctica, sorpresiva e impuesta a ultranza, propicia condiciones de inequidad, segrega, es discriminatoria y excluyente. Divide al cuerpo social y coarta la posibilidad de alcanzar niveles armónicos de convivencia y es contra-sustentable. Es un capricho que produce escozor y resabios. No está resuelta y no hay proyecto ejecutivo, y menos alguna vaga idea de la ciudad que se persigue. De construirse (cosa que jamás ocurrirá y de eso nos encargaremos) detonaría un crecimiento más anárquico que el que ahora padecemos. Sería el caldo de cultivo para el caos sin solución que se esparce indefinidamente por la mancha cancerígena de la expansión urbana sin control y provocaría el estallido de las desigualdades al fomentar, con una línea secante, el desdén de los poderosos hacia las mayorías, pero sobre todo que no provee soluciones eficaces para la movilidad perdurable.
Es impostergable que se consolide la creación y puesta en operación de la entidad metropolitana, que daría viabilidad a la coordinación intermunicipal para que sea la instancia capaz de lograr los consensos que amerita la planeación sustentable del desarrollo y construya las alternativas para que los recursos del Fondo Metropolitano federal fluyan y sea posible ejecutar los proyectos y obras que realmente demanda la región metropolitana capital de Jalisco.
Encuentro un doble discurso: el de lo bueno y bonito, que ofrece espejitos, oropeles y abalorios para engatusarnos al hacernos creer que la vía nos resuelve la vida. El otro, el nefasto y oscuro que nos conduce a utopías ñoñas que tienen que ver con los negocios del contra plano y –pensándolo mal y muy en el fondo– con quién sabe qué tiempos electorales por venir, por aquello de la secta del Diego y las mochilas azules.

Para Público-Milenio 10 de julio 2010.

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